Qué es el Slow Sex

En la actualidad, vivimos a toda prisa. Todo tiene que llegar rápido y acabar pronto porque necesitamos pasar al siguiente punto de nuestra lista de tareas.

Por desgracia, esta urgencia la hemos trasladado también a las relaciones sexuales y eso nos desconecta de su lado más íntimo y emocional. El sexo se convierte en un medio para alcanzar el orgasmo, aliviar un poco de estrés y seguir con lo demás.

El Slow Sex llega para contrarrestar esta idea de la inmediatez.

¿Qué es el Slow Sex y de dónde sale?

El Slow Sex tiene su origen en la comida. Una tendencia llamada “Slow Food” que invita a disfrutar al máximo de todos los pasos que implica comer. Desde la selección de los alimentos en el supermercado hasta el momento de sentarse a la mesa. Surgió precisamente como reacción a este estilo de vida cargado de prisas y la gratificación inmediata de hoy en día.

La filosofía del Slow Sex es la misma pero aplicada a las relaciones sexuales. En lugar de utilizar el sexo como una herramienta para un fin (alcanzar el orgasmo), el Slow Sex propone que seamos conscientes de todos y cada uno de los pasos que tienen lugar en un encuentro sexual y que nos regodeemos en ellos sin preocuparnos del tiempo que duran.

¿Por qué es necesario practicar el Slow Sex?

Las relaciones sexuales en España tienen una duración media de 15 minutos, incluyendo los mal llamados preliminares. Y el objetivo es, siempre, alcanzar el orgasmo. Esto causa una presión innecesaria en todas la partes involucradas, tanto para llegar, como para no llegar “demasiado rápido” o incluso para llegar juntos.

De la misma forma, utilizar el sexo como un medio para alcanzar ese objetivo concreto, hace que el resto de beneficios de la relación sexual pasen a un segundo plano o se ignoren completamente.

Practicar el Slow Sex, aunque sea de vez en cuando, nos ayuda a reconectar con nosotros mismos y nuestra pareja y a redescubrir la pasión y la intimidad.

Las 4 claves del Slow Sex

Practicar el Slow Sex no cuesta tanto como, por ejemplo, el sexo tántrico. Estos son algunos de los consejos que te damos para que puedas disfrutar de esta práctica cuando quieras y con quien quieras:

1. El orgasmo no es el objetivo

Espera... ¿qué?

Lo que lees. Esta es una norma imprescindible y, seguramente, una de las más difíciles de asumir. Para poder disfrutar de todas las fases de la relación sexual por igual, tienes que olvidarte del orgasmo. O mejor dicho, tienes que dejar de pensar en ello como en un objetivo que alcanzar.

El Slow Sex se basa en que seas capaz de dejar de pensar en el sexo como en eso que te va a llevar al orgasmo. Tienes que aprender a disfrutarlo por partes

2. Líbrate de las distracciones

Apaga móviles, pantallas, Alexas, Siris y altavoces de Google. Aléjalos de ti y olvida su existencia. Tapa todos los relojes y que ni se te ocurra mirar la hora a la que empiezas.

El Slow Sex no es una competición por ver quién aguanta más rato teniendo relaciones sexuales, así que no pienses en el tiempo. Es un momento de exploración y descubrimiento tanto de una misma como de la pareja. Concéntrate en lo que estás haciendo en ese momento.

3. Crea ambiente y juega con los sentidos

Si dedicas tiempo a preparar una cena con amigos o familiares ¿por qué no lo haces también con las relaciones sexuales?

Un ambiente íntimo y de relajación con velas, incienso, luz ténue o pétalos de rosa sobre la cama trae consigo una gran carga erótica que muchas veces pasamos por alto.

En el Slow Sex, los juegos sensoriales pueden cobrar gran protagonismo. Prueba con ojos vendados, restricciones en las manos o laaaargos y sensuales masajes con aceites comestibles como, por ejemplo, este de Kamsutra con sabor a fresas.

4. Quítale el protagonismo a los genitales y a la penetración

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y tiene un potencial placentero increíble. Explórala y dedícale todo el tiempo que sea necesario. Lamer, chupar, morder, acariciar… Todo ello despierta sensaciones diferentes y muy excitantes.

En el Slow Sex, los genitales no son los protagonistas. Esto no significa que tengas que ignorarlos completamente. Simplemente, date la oportunidad de explorar otras zonas del cuerpo igualmente placenteras. Las orejas, el cuello, las manos, el pecho, la espalda, las piernas, los pies… todas estas partes del cuerpo tienen potencial para traerte placer e ignorarlas no es de buena educación.

Así mismo, no pienses en todo lo anterior como “preliminares” antes de la penetración. Todo forma parte de la relación sexual y las caricias y los besos no son el medio para llegar a la penetración sino que son parte de la acción principal.

 

En resumen: dedica al sexo todo el tiempo que le haga falta. Hazlo despacio, disfrutando de cada momento y sin tener objetivos concretos en mente salvo el placer por el placer. Y ya estarás practicando el Slow Sex.