Edging: Toma el Control de tus Orgasmos

Te prometemos que no estamos inventándonos términos ni palabras raras para confundirte. El Edging es real y si aprendes a dominarlo, te proporciona orgasmos mucho más intensos y largos.

Parar cuando el clímax está ya a la vuelta de la esquina no es moco de pavo pero confía en nosotras. Merece totalmente la pena.

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¿Qué es el Edging?

La palabra Edging viene del inglés “edge” que significa “orilla” o “borde”. Vamos, que traducido al castellano y al área de la sexualidad, significa quedarse al borde del orgasmo.

Vas a pensar que eso no es una técnica erótica sino más bien una cruel tortura china. Pero nada más lejos de la realidad. Controlar tu orgasmo, pararlo en el momento crítico y después continuar para experimentarlo cuando tú quieras, hará que sea más largo y más intenso que cualquier otro orgasmo que hayas tenido en tu vida.

Cómo practicar el Edging

Vale, vale entonces, eso del Edging ¿cómo se come?

Tenemos que admitir que la teoría es mucho más simple que la práctica. Llevar a cabo con éxito el Edging requiere mucho autocontrol y también mucho autoconocimiento, pero vamos a darte los pasos que debes seguir para tener el Edging completamente dominado tanto en pareja como a solas.

Paso 1: Empieza como siempre.

El primer paso no tiene ningún misterio. Si estás a solas, puedes empezar estimulándote de la forma que más te guste. Con los dedos o con algún juguete. Acaríciate lentamente y en tus zonas más erógenas y, por supuesto, que la imaginación no se quede atrás.

Si estás con tu pareja, podéis iniciar los preliminares de la forma más habitual para vosotros o animaros a probar algo nuevo. Todo vale.

Paso 2: Todavía no pares.

Empezarás a sentir placer y esa necesidad de querer más. Más velocidad, más presión, más intensidad… No te la niegues pero no te centres en una sola zona. Explora y estimula todos tus puntos erógenos: El clítoris, los pezones, el glande, los testículos… Todos ellos tienen algo muy placentero que ofrecerte.

Paso 3: Detecta el punto de no retorno.

Ahora es cuando la cosa empieza a complicarse. El punto de no retorno es ese momento en el que sabes que ya vislumbras el orgasmo pero todavía no has llegado.

En este momento es cuando sueles acelerar tus movimientos, tu respiración es más acelerada y notas la sangre bajar hasta tus genitales.

Paso 4: ¡Paren las rotativas!

Páralo todo. Cuando llegues a este punto, tienes que dejar de estimular tus genitales totalmente. Nada de roces, ni toquecitos, ni lametones, ni besitos… Toda actividad genital queda suspendida durante unos minutos.

Pero no te preocupes, es solo hasta que te hayas relajado un poco. Cuando sientas que tu cuerpo se ha estabilizado un poco, puedes volver a empezar.

Además, durante este parón puedes seguir estimulándote en otras zonas o compartir besos y caricias con tu pareja. Simplemente, no os dejéis llevar de nuevo a las zonas genitales.

Paso 5: Vuelve a empezar.

Bueno, empezar desde el principio, no. Pero puedes volver a estimular tus genitales una vez que tu cuerpo se haya relajado un poco más.

Si haces esto, comprobarás que el orgasmo es mucho más intenso y que dura más.

La cantidad de veces que puedas frenarte en el punto de no retorno dependerá completamente de tu fuerza de voluntad.

¿Por qué practicar el Edging?

Si a estas alturas, el Edging todavía te parece más una forma de castigo que una actividad placentera, te vamos a comentar todas las ventajas de practicarlo:

  1. Obtienes más control y conocimiento sobre tu cuerpo y sus reacciones.
  2. Trabajas el cardio ¿quién necesita salir a correr?
  3. Promueve la lubricación natural vaginal.
  4. Te hace más consciente de las sensaciones corporales.

En definitiva y como sucede con todas las técnicas y prácticas sexuales que compartimos contigo, practicar el Edging contribuye a tener una vida sexual más feliz y satisfactoria.

¿Te animas a probarlo?