Cómo iniciarte en el BDSM

Las siglas BDSM se asocian muy a menudo con el lado más oscuro del sexo y aunque en los últimos años se ha popularizado lo cierto es que aún forma parte de las fantasías menos confesables de mujeres y hombres.

Hace tiempo que le das vueltas. Las esposas y los azotes forman parte de sus sueños más húmedos y estás decidida/o a pasar a la acción. ¡Enhorabuena! Pero si quieres que se convierta en una experiencia a repetir y no es un fracaso absoluto, te recomendamos que sigas estas pautas, antes de instalarte el columpio sexual en casa.
 

Sentar las bases

Es crucial que tu pareja, amante, marido/mujer o compañero/a de vida esté de acuerdo contigo en probar esta nueva experiencia. Si ambos estáis decididos, debéis sentaros y sentar las bases de vuestra relación BDSM. ¿Quién es el dominante? ¿Quién es el dominado? ¿Qué estáis dispuestos a hacer y qué está completamente fuera de los límites? ¿Qué os apetece probar pero os da un poco de miedete?


Todo esto debe quedar establecido y aclarado antes de saquéis las esposas y los látigos. Si queréis, podéis hacer esta fase parte del juego, redactando un contrato e incluso convirtiéndolo en un juego de rol en el que cada uno de vosotros asuma una identidad diferente.

 

Palabra de Seguridad

Crear una palabra o señal de seguridad (por si jugais con mordazas) es absolutamente necesario incluso en el caso de que hayáis planeado vuestros encuentros BDSM al detalle. Quizá hayáis definido algo al inicio de la relación que os parecía súper excitante en el papel pero a la hora de la verdad descubrís que os hace daño o no os gusta.


La palabra de seguridad debe ser algo que no tenga nada que ver con la situación. Palabras como “para” o “no” pueden confundirse fácilmente con parte del juego.


Empezad por la B y avanzad hacia la M

De las cuatro letras, el Bondage es, sin duda, por lo que deberíais empezar si sois principiantes. Casi todo el mundo ha utilizado alguna vez esposas, corbatas o lazos para restringir el movimiento de las manos de su pareja. Podéis probar diferentes tipos de ataduras, añadir los tobillos, juntar tobillos y muñecas y otras tantas posibilidades que podéis investigar y que os llamen la atención.


En cuanto a la D y a la S (dominación y sumisión) tendréis que poner unas reglas con las que ponerlo en práctica. Las reglas pueden ser absolutamente cualquier cosa (que el sumiso no haga un gesto o sonido que suele hacer de forma inconsciente, olvidarse de fregar los platos, tararear una canción pegadiza…). Infringir esas reglas supone un castigo como, por ejemplo, azotes.


Finalmente, la M de masoquismo es la que lleva a explorar el placer a través del dolor. Lo recomendable es ir explorando poco a poco vuestros propios límites, teniendo siempre en cuenta la seguridad física y psicológica de vuestra pareja. Ante todo, hay que tener sentido común, no forzar las situaciones, no correr riesgos innecesarios y, más que cualquier otra cosa, respetar a tu pareja y tener en cuenta sus sentimientos.


El BDSM puede ser una práctica muy divertida y que definitivamente os sacará de la rutina, pero debéis iniciaros poco a poco para aseguraros de que ambos las disfrutais al máximo y de que se convierta en algo que querréis repetir.